Conocida sobre todo por su papel en el ciclo sueño-vigilia, la melatonina también podría influir en la vista. Un amplio estudio basado en historiales médicos ha revelado recientemente una asociación inesperada entre su consumo regular y el desarrollo de la DMAE.
La degeneración macular relacionada con la edad (DMAE) es una enfermedad crónica de la retina que afecta a la mácula, zona indispensable para la visión central y la percepción de detalles (1).
Se distinguen dos formas principales de DMAE:
No todas las DMAE atróficas evolucionan a DMAE exudativa. El diagnóstico, el seguimiento y el tratamiento de esta patología solo puede ser evaluado por un oftalmólogo.
La melatonina es una hormona producida de forma natural por la glándula pineal en respuesta a la oscuridad. Su función principal consiste en sincronizar los ritmos circadianos y facilitar el sueño (3).
Por otra parte, esta molécula también está presente en varios tejidos, entre ellos la retina (4). Por ello, desde hace algunos años, los investigadores se han interesado por su posible implicación en el envejecimiento ocular y la salud de la mácula.
Entre sus posibles mecanismos de acción destacan:
Estas diferentes hipótesis no fueron evaluadas directamente en el estudio que referimos en este artículo; este se ha limitado a analizar las asociaciones observadas entre la ingesta de melatonina y la evolución de la DMAE.
Cabe señalar que la melatonina está disponible en forma de complemento alimenticio.
Melatonin 1 mg aporta 1 mg de melatonina por comprimido y contribuye a reducir el tiempo necesario para conciliar el sueño.
Para explorar la relación entre la melatonina y la DMAE, unos investigadores llevaron a cabo un estudio retrospectivo publicado en la revista científica JAMA Ophthalmology (8). Para ello, se basaron en la base de datos estadounidense TriNetX, que recopila historiales médicos electrónicos anonimizados procedentes de centros hospitalarios y ambulatorios de Estados Unidos, durante un periodo comprendido entre el 4 de diciembre de 2023 y el 19 de marzo de 2024.
Se estudiaron dos poblaciones distintas:
En ambos grupos, los investigadores compararon a las personas que tomaban melatonina de forma regular con un grupo de control emparejado según diversos criterios (edad, sexo, origen étnico, enfermedades asociadas, tratamientos, etc.) con el fin de limitar al máximo los factores de sesgo.
Los resultados ponen de manifiesto dos asociaciones en particular:
Se han observado resultados similares en las subpoblaciones de 60 años o más y de 70 años o más.
No obstante, cabe señalar que se trata de asociaciones estadísticas entre dos grupos. Por lo tanto, estos resultados no demuestran que la melatonina reduzca el riesgo absoluto de desarrollar DMAE o de ralentizar su progresión.
Resultados procedentes de un estudio retrospectivo basado en historias clínicas electrónicas estadounidenses. Los valores corresponden a riesgos relativos y no demuestran una relación causal.
La importancia de este estudio radica, en primer lugar, en que analiza la melatonina en dos momentos distintos de la evolución natural de la DMAE; antes de la aparición de la enfermedad y tras el diagnóstico de la misma, con el fin de evaluar el riesgo de progresión hacia DMAE exudativa.
Este estudio también destaca por la dimensión de las poblaciones estudiadas (cerca de 188 000 historiales médicos analizados) y por la coherencia de los resultados observados en varios grupos de edad. Estos elementos refuerzan la credibilidad de los resultados.
No obstante, hay que destacar varias limitaciones importantes. Se trata de un estudio observacional retrospectivo, y no de un ensayo clínico aleatorizado. Las dosis, la duración del uso y las formulaciones de melatonina no estaban estandarizadas, mientras que algunos factores de confusión (como la calidad del sueño, el tabaquismo, la alimentación o el estilo de vida) podrían haber sesgado los resultados a pesar de los ajustes estadísticos.
Por lo tanto, la melatonina se perfila hoy en día como un enfoque de investigación potencial sobre el envejecimiento de la retina. Sin embargo, siguen siendo necesarios ensayos clínicos posteriores para establecer una posible relación causal.
Aunque este amplio estudio presenta resultados alentadores, por el momento no permite recomendar la melatonina para la prevención o el tratamiento de la DMAE. Aun así, ofrece una base científica lo suficientemente sólida como para justificar la realización de ensayos clínicos dedicados específicamente al envejecimiento macular.
Hasta la fecha, el principal uso reconocido de la melatonina sigue siendo su acción sobre el sueño, pues ya se ha confirmado que contribuye a reducir el tiempo necesario para conciliar el sueño y a atenuar las sensaciones subjetivas del jet-lag (9-10).
Puedes encontrarla en nuestro Melatonin 1 mg, comprimidos orales de melatonina de acción rápida (entre 30 y 60 minutos tras su ingesta).
A pesar de todo, la melatonina no es el único compuesto estudiado en el área del envejecimiento ocular. Varios nutrientes y antioxidantes también han llamado la atención de los investigadores especializados en la salud de la retina y la mácula.
El DHA (ácido docosahexaenoico) es un ácido graso omega-3 especialmente abundante en las membranas de los fotorreceptores de la retina (11). Contribuye al mantenimiento de una visión normal. Aunque los pescados grasos (salmón, caballa, sardina...) constituyen las principales fuentes alimentarias, sigue siendo posible tomar complementos alimenticios para aumentar eficazmente su ingesta.
Nuestro Super DHA, por ejemplo, aporta 310 mg de DHA por softgel.
La luteína y la zeaxantina son dos pigmentos carotenoides que se concentran de forma natural en la mácula, donde actuarían como escudos contra el daño oxidativo (12). Dado que el organismo no puede sintetizarlos, es imprescindible obtenerlos a través de la alimentación. Se encuentran, por ejemplo, en las verduras de hoja verde y en la yema de los huevos, pero también en algunos complementos alimenticios.
Nuestro Lutein aporta 20 mg de luteína natural extraída de la tagete.
El azafrán (Crocus sativus) también está despertando un interés creciente en la investigación sobre la salud visual. Algunos estudios sugieren que sus carotenoides, entre ellos la crocina, podrían reforzar las defensas antioxidantes de los fotorreceptores de la retina (13).
Nuestro Affron Eye® es un extracto de estigmas de azafrán estandarizado al 3 % de crocina.
Algunas fórmulas adoptan un enfoque más integral al combinar varios ingredientes estudiados por su efecto sobre la función ocular.
Nuestro OmegaVision Pro, por ejemplo, combina DHA, luteína, zeaxantina, zinc y vitaminas A, B2 y E.
Por otro lado, OptiVision®, rico en arándano azul antioxidante que favorece la salud visual, también reúne carotenoides, zinc, así como diversos compuestos endógenos y extractos naturales.
Es importante mencionar que los complementos alimenticios no sustituyen ni a las pruebas de detección, ni al seguimiento médico, ni a los tratamientos prescritos en caso de DMAE. Una disminución brusca de la visión central, una distorsión de las líneas rectas o cualquier alteración repentina de la vista requieren una consulta oftalmológica inmediata.
Referencias
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